jueves, 4 de diciembre de 2008

Un duro trabajo

Hace poco encontré un buen puesto trabajo que muchos quisieran para sí. Puedo decir casi con toda seguridad que es un trabajo de ensueño (y nunca mejor dicho): Soy probador de colchones.

Como en todo currelo que se precie tengo mis herramientas de trabajo con las que desempeñarlo en condiciones: Mi pijama (azul de rayas, monísimo), unas zapatillas de cuadros marrones (las típicas de los abuelos), mi juego de cama (de franela en invierno), mi almohada (alta y dura), mi gorrito, mi antifaz (para que no entre la claridad), mi botellita de agua siempre cerca, una lampara del Ikea (super fashion y baratita)...

Tengo un horario más o menos fijo; en invierno pruebo el colchón durante 6 horas seguidas, descanso para comer (no vuelvo a casa, me llevo la comida en un taper y allí mismo como aunque después tengo limpiarlo un poco porque las miguitas de pan molestan) y devuelta al tajo. En verano el jefe se porta y tenemos jornada intensiva, 7 horas del tirón. De todas formas esto no implica que de vez en cuando haya que echar alguna que otra hora extra, que nunca pagan, pero yo no me quejo mucho, ya que no lo hago por dinero (que también), lo hago porque me gusta.

Mi nuevo puesto de trabajo tiene alguna cosas positivas, por ejemplo, tengo un lugar espacioso y cómodo para desempeñar mi función; también tengo la posibilidad de trabajar sólo o acompañado; puedo tomarme un descanso para ir al baño, salir a fumar o picar algo; puedo llegar borracho que no pasa nada, es más suelo hacerlo mucho mejor, etc.

Sin embargo no es todo de color de rosa. Tengo que trabajar todos los días del año, ya sea fin de semana, fiesta o haya una huelga general. Las condiciones en verano y en invierno no son las más idóneas, ya que lo mismo no hay quien se eche en el colchón por culpa del calor o que necesite 3 mantas por el frío. A veces no puedo trabajar a gusto por culpa del ruido de la calle, y después soy yo el que recibe las reprimendas por no terminar el trabajo a tiempo....Y lo peor de todo, envidio muchísimo a los sepultureros, ya que en ocasiones tengo que llevarme el trabajo a casa.

De todas formas no me quejo mucho, porque siempre pienso que después de un duro día en el trabajo, lo mejor es llegar a casa y descansar tranquilamente en la cama.

¡Chaito y sed buenos, si podéis!

2 divagaciones mentales:

Luz de Gas dijo...

Que envidia

Mastropiero dijo...

A Luz de gas: No te creas que todo es tan bueno. Además de lo que ya he dicho lo peor es que los del Ikea sólo hablan sueco, y cualquiera les entiende cuando se ponen a hablar de tornillos y tuercas xD