miércoles, 25 de marzo de 2009

Game over

Con la respiración aun entrecortada y el pelo lleno de casquillos del techo miró su cargador: Sólo quedaba una bala. Habían tenido que esforzarse al máximo con el último grupo que los habían atacado en el camino hacia la salida. Las magulladuras y el corte en su brazo izquierdo bien daban cuenta de ello.

Había perdido en el camino a Jack y Michael, dos buenos chicos que su poca experiencia les había jugado una mala pasada; ahora esperaba que, aunque muertos, pudieran echarle una mano. Usó su memoria fotográfica para recordar dónde estaban sus cuerpos inertes: Uno en el laboratorio y otro en el patio trasero.

Rechazó de lleno la última opción ya que, aunque estaba más cerca que el laboratorio, no duraría ni un segundo con los francotiradores apostados en las ventanas del edificio de enfrente. Así que decidió volver sobre sus pasos en busca de la munición de Jack, y de paso recoger ese botiquín que dejaron al cruzar el puente metálico y tanta falta le estaba haciendo ahora.

Cualquiera habría pensado que era una locura volver, y más aun ahora que el equipo se había reducido a uno. Pero él se sentía más seguro cuando no iba con compañeros: Podía dirigirse por donde su intuición le guiara, era más silencioso y, sobre todo,no lo retrasaban ni lo ponían en peligro los novatos.

Avanzó pegado a la pared volviendo la vista atrás con cada mínimo ruido. Varios tubos fluorescentes chisporroteaban y la mayor parte de las bombillas se encontraban rotas. Bordeó el cuerpo del último enemigo que había abatido y continuó hasta una puerta entreabierta. Se asomó primero, y tras comprobar que el camino estaba libre cruzó, no antes si volver de nuevo su vista.

De repente se escuchó un fuerte estruendo y todo se apagó. Pensó si eso era lo que sentía al morir, pero pronto se dio cuenta que habría fallado alguna caja eléctrica y se habían fundido todas las luces del pasillo. Rebuscó en el bolsillo de su pantalón y encontró una bengala.

La encendió y la lanzó con todas sus fuerzas hacia el fondo. En su viaje iba iluminando fugazmente los desperfectos que la batalla había causado en el mobiliario, hasta que llegó a su destino donde mostró entre las sombras a uno de sus enemigos que lo miraba desde la distancia. En milésimas de segundo subió el brazo, apuntó y disparó. Falló. Maldijo en voz alta, era la última bala y la había desperdiciado atacando desde tan lejos. Notó como su contrincante sonrió mientras apretaba su gatillo...

- ¡Jorge, te he dicho ya mil veces que dejes de jugar a la consola y te vengas al comedor, que la comida se te va a enfriar!
- Ya vooooy - dijo mientras soltaba el mando- Pero después de los deberes me pongo otro rato, ¿vale?
- Ya veremos.

Mientras tanto, la bala del enemigo acertó de lleno en su personaje. La pantalla se tiñó de rojo: ¡GAME OVER!.

0 divagaciones mentales: